10 abr. 2014

El zoo de Copenhague que acabó con la jirafa Marius mata a cuatro leones

El pasado mes de febrero el Zoo de Copenhague causó indignación a nivel internacional por matar y diseccionar, ante la atenta mirada de niños y adultos, a una joven jirafa sana con la que después alimentó a los leones del zoológico. Ahora son algunos de esos leones, un macho de 16 años, una hembra y sus dos cachorros, los que han muerto esta semana. Los responsables del parque zoológico aseguran que no les quedó más opción que ponerles una inyección y acabar con su vida, para tener espacio para otros leones que, en breve, llegarán a los jardines de Frederiksberg. En la página web del parque zoológico se puede leer que han hecho “todo lo posible para buscarles otra ubicación pero no encontramos ningún otro parque dispuesto a acogerlos.”


Carrie, que así se llama la leona asesinada, fue presentada al público por primera vez, en julio de 2003, sus crías de 10 meses, “no habían llegado a la edad madura todavía y no podrían defenderse del nuevo león macho que llega al parque. Les hubiera atacado a la primera oportunidad” explica uno de los responsables del zoo. “Nuestro zoológico es reconocido en el mundo entero por el trabajo que hacemos con los leones, y me siento orgulloso de anunciar que una nueva manada está en camino y que uno de los nuevos leones va a garantizar un nuevo linaje” indica el director del zoo Steffen Strade.
Desde el parque zoológico no tienen miedo a las posibles críticas. Uno de sus responsables, Steffen Estrecho Ritzau asegura que “muchas personas están mal informadas sobre lo que pasó con la jirafa Marius. Lo que hicimos fue lo correcto. Ahora también y estamos preparados para lo que nos digan. Nosotros decimos abierta y honestamente lo que hacemos y respetamos todas las opiniones.” Opiniones que no se han hecho esperar y que han empezado a hacerse públicas en las redes sociales desde Tailandia a Estados Unidos, una vez que se ha conocido la noticia.
El mes pasado, el director científico del zoológico, Bengt Holst, recibió amenazas de muerte de todo el mundo por la decisión de matar a una joven jirafa de 18 meses, Marius, que fue asesinada con una pistola ante los visitantes del parque, a quienes se les permitió ver como la descuartizaban y alimentaban con su carne a los leones.



La medida sorprendió a muchos amantes de los animales de todo el mundo que firmaron una petición pública pidiendo que no la sacrificaran. El zoológico dijo entonces que siguiendo las reglas de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios que impiden la endogamia entre jirafas, no tenían más remedio que acabar con su vida, pues sus padres pertenecían a la misma familia.
Muchos daneses se sorprendieron ante la reacción internacional por el sacrificio de Marius. Hubo comentarios y artículos en todo el mundo hablando de la “disneyficación" de las criaturas del zoo. Hubo reacción entonces y la habrá ahora. El embajador de EE.UU en Dinamarca, Rufus Gifford, entra en el debate , y dice que "parte de la ira causada por Marius permanecía en esos leones que se la comieron y a los que ahora han matado.”
La muerte de los leones no fue, en esta ocasión público, y sus cadáveres no será tampoco alimento para otros animales. Unos se han utilizado para la investigación, el resto no servirá para nada.
fuente


P.D.: José Saramago, premio Nobel de literatura en 1998:
Si yo pudiera, cerraría todos los zoológicos del mundo. Si yo pudiera, prohibiría la utilización de animales en los espectáculos de circo. No debo ser el único que piensa así, pero me arriesgo a recibir la protesta, la indignación, la ira de la mayoría a los que les encanta ver animales detrás de verjas o en espacios donde apenas pueden moverse como les pide su naturaleza. Esto en lo que tiene que ver con los zoológicos. Más deprimentes que esos parques, son los espectáculos de circo que consiguen la proeza de hacer ridículos los patéticos perros vestidos con faldas, las focas aplaudiendo con las aletas, los caballos empenachados, los macacos en bicicleta, los leones saltando arcos, las mulas entrenadas para perseguir figurantes vestidos de negro, los elefantes haciendo equilibrio sobre esferas de metal móviles. Que es divertido, a los niños les encanta, dicen los padres, quienes, para completa educación de sus vástagos, deberían llevarlos también a las sesiones de entrenamiento (¿o de tortura?) suportadas hasta la agonía por los pobres animales, víctimas inermes de la crueldad humana. Los padres también dicen que las visitas al zoológico son altamente instructivas. Tal vez lo hayan sido en el pasado, e incluso así lo dudo, pero hoy, gracias a los innúmeros documentales sobre la vida animal que las televisiones pasan a todas horas, si es educación lo que se pretende, ahí está a la espera.
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